lunes, 1 de julio de 2013

Una sociedad machista

Las sociedades occidentales históricamente han sido patriarcales, por la cultura y la religión predominante. Uno de los valores de esta doctrina, es la diferencia hacía el protagonista de una infidelidad en la pareja según el sexo. Los hombres solían ser perdonados con una multa económica, mientras que las mujeres eran condenadas a la cárcel, maltratadas e incluso asesinadas. Este machismo sigue presente,  ha desaparecido la diferencia legal, pero los hombres tienen mayor libertad en las relaciones sexuales, y no sufren tanto castigo social y exclusión en comparación con el sexo femenino.
Determinamos como una de las causas del machismo  la cosificación de la mujer, aprendida por el hombre desde bien joven ante la circunstancia de una prostitución permitida, y no pocas veces fomentada, por los diferentes entornos familiares, ambientes sociales y círculos culturales de clases altas, medias y bajas. Esta cosificación implica inevitablemente la idea de la mujer como ser inferior, como ser cosificado para el deseo del hombre, quien se acerca a ella con ningún otro objetivo más que el de la obtención de placer.
La mayoría de las mujeres que se dedican a la prostitución son esclavas, presas en su mayoría de hombres. ¿Cuántas mujeres han sido  libres en el ejercicio de su prostitución a lo largo de los siglos? El filósofo Kant definía la libertad como la facultad que aumenta la utilidad de todas las demás facultades. El sentó las bases de lo que iba a ser un pilar fundamental en el reconocimiento de los derechos humanos al señalar como objetivo incuestionable para la protección del ser humano el que éste se constituya siempre en un fin y nunca en un medio o herramienta para él o para otros. En base a este pensamiento se condena la esclavitud y nuestra sociedad no permite que nadie sea esclavo aunque manifieste que quiera serlo.







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